Dos ejemplos de ahorro, dos historias de vida mejor

Fuente: Secretaría de Comunicación | 2012-07-20 | 05:03:18 PM
Emprendimientos de las Sociedades Populares de Inversión
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En el Distrito existen 52 Sociedades Populares de Inversión (SPI), que se han convertido en un apoyo para que vecinos y vecinas ahorren y así puedan cubrir los requerimientos de sus pequeños negocios y las necesidades de sus familias. En el siguiente reportaje conocerá historias de ‘carne y hueso’ que relatan cómo esta experiencia, impulsada por la Municipalidad a través de CONQUITO, le cambió la vida a muchos.

Las mujeres al poder

FUNDECREB es una organización barrial que aglutina a 16 socios, 7 de ellos son hombres y 9 mujeres. Tal vez por esta composición su nueva oficina está decorada con flores y tapetes tejidos. Ellas son las que han impulsado y promovido la organización familiar e incluso barrial de Edén del Valle.

Iniciaron su trabajo hace casi 6 años y se hicieron acreedores a una placa de reconocimiento otorgada por el alcalde Augusto Barrera, quien pretendía con este gesto motivar y agradecer su esfuerzo y tesón para sostener un ejemplo de la economía popular y solidaria.

Esta organización rescata el valor de la mujer y su capacidad administrativa, tanto así que su gerenta, Marisela Portilla, es una joven de 22 años quien divide su tiempo entre sus estudios universitarios y sus tareas en la organización.

“El miércoles 18 de julio de este año abrimos nuestra primera oficina; trabajamos para el bienestar de todos, para ayudar a solucionar los problemas de la comunidad. La cantidad que estamos otorgando al momento es 100 dólares, quizá para algunas personas no es mucho, pero sabemos que ese dinero sirve para cubrir los requerimientos de este nuevo inicio de clases. Así los vecinos pueden hacer las compras de útiles escolares y uniformes”, cuenta.

En la actualidad están en capacidad de otorgar créditos a los no socios de 50 dólares como mínimo y de 800 dólares como máximo. Para los socios los créditos son de 100 dólares el más bajo y de 1000 dólares el tope más alto.

Al momento el capital de aportaciones con el que cuentan es de 14.000 dólares que se han venido incrementando paso a paso. “Iniciamos con un capital de 120 dólares, y para lograr que crezca hemos hecho gestión, entre ellas reciclaje: recolectamos plástico, papel, cartón, lo que sea. Con eso también colaboramos con el ambiente”, sostiene Margarita Balladares, tesorera de FUNDECREB.

Reconocen que al principio la tarea de reciclaje fue dura, pues algunos vecinos veían a esta actividad como una molestia, pero ahora todos ya se han “educado” y cada semana acuden para preguntar cuándo pueden entregar sus materiales. Para esto, ellos tienen los contactos de las personas que compran papel, cartón y plástico. En un inicio la actividad les permitía a los socios tener bonificaciones extras en la entrega de utilidades pero ahora ya no reciben recursos por esta práctica y sin embargo continúan haciéndola para cuidar el planeta.

Una historia de nació de la desesperación

En el año 1999, con el “Feriado Bancario” inició una etapa extremadamente difícil para Margarita.  “En esa época a mi marido, que es ingeniero, lo despidieron; muchas empresas optaron por cerrar y botaron a trabajadores, entre ellos a mi esposo. Yo también perdí mi trabajo, me deprimí, lloraba todo el día y también optamos por cambiarnos de casa”.

Margarita cuenta que en aquel entonces el barrio donde viven no era como hoy. “Era puro monte, sin accesos”, dice. “La fuerza provino de mi esposo; él decidió participar en el barrio y organizar mingas, es así que fue nombrado presidente de la comunidad y fue cuando escuchamos que el Municipio había iniciado el proyecto de huertos y de microemprendimientos. Es así que decidimos participar”.

Ella tiene conocimientos de administración y finanzas, y poco a poco se fue enamorando de estas experiencias que, también de a poco, fueron neutralizando el dolor para dar paso al entusiasmo. “Nos organizamos, implementamos un huerto e iniciamos pequeños negocios”, cuenta Margarita. “Con mi familia iniciamos con un bazar y papelería, y ahora gracias a los créditos y a nuestra capacidad de ahorro la hemos ampliado”.

La experiencia de la SPI ha incluido también a gente joven. Uno de los socios, por ejemplo, tiene 17 años y el mayor llega a los 65. “Lo bonito es ver que las mujeres somos las que más participamos, somos las luchadoras, las que tenemos visión. Esto nos permitió abrir nuestra oficina y empezar a promocionar nuestra caja de ahorros con los demás vecinos. Mi lema es ‘mujeres al poder’, porque todo lo que nos lo proponemos lo logramos”, afirma.

El deseo de ver los sueños crecer

El barrio San Francisco de Miravalle queda en el sector de Guápulo. Es una comunidad que vive cerca del río en donde el silencio y la naturaleza están de la mano; apenas unos pocos vehículos transitan por allí. Es en ese sector donde se está asentada una de las SPI más exitosa: la San Francisco de Asís.

Esta comunidad todavía vive, principalmente, de las faenas agropecuarias. En el lugar es fácil ver huertos, lugares destinados para el pastoreo de animales, corrales para cerdos, conejos, cuyes y gallinas que son utilizados principalmente para el consumo de sus habitantes.

Es en medio de este recinto donde 16 socios, 14 mujeres y 2 hombres, han desarrollado su SPI. Según cuenta Elsa Rodríguez, la gerenta, “para nosotros es importante contar con este sistema de ahorro ya que nos permite acceder fácilmente a un crédito. ¿Se imagina usted todo lo que le piden en un banco para entregar un crédito? Aquí esto se simplifica: nosotros nos basamos en la confianza, en conocer a la gente y en saber para qué requieren el dinero”.

Ellos entregan pequeños créditos que van desde los 50 dólares, dinero que puede servir para comprar mercadería, medicinas o también, por qué no, para comprar ropa o zapatos; eso depende de las necesidades de quien lo solicita.

La mayoría de los socios tienen su huerto y sus animalitos. A ellos se les está otorgando préstamos de hasta 1 000 dólares y la meta a futuro es crecer y convertirse en una gran SPI que permita que personas de otros barrios también puedan acceder a sus servicios.

Para Teresa, una de las socias, es importante recordar que “somos personas cumplidas, que sabemos que tenemos una deuda y estamos pendientes en pagarla”. Estos socios se reúnen cada 2 meses y han establecido en su reglamento que si un socio se retrasa a la junta debe cancelar un dólar y por inasistencia no justificada debe dejar 3 dólares.

Pero su creatividad y emprendimiento no termina allí, pues para obtener más fondos también preparan comida. “Puede ser un chocolate; para eso sacamos de la caja 5 dólares con los que compramos la leche, el pan y el queso. Hay veces en que un socio dona cualquiera de los ingredientes y eso nos permite ahorrar. Cuando está listo lo vendemos a 1,25 lo que nos da un margen de ganancia que entra directamente a nuestra cuenta” dice Elsa, mientras recuerda el último chocolate que hicieron.

Otro de los socios, Néstor Morales, reconoce que trabajar junto a 14 mujeres es interesante. “Ellas son más comunicativas, más emprendedoras, nos motivan bastante y así podemos salir adelante. Esto también nos ha permitido conocer y aprender a ahorrar. Antes me gastaba lo poco que tenía en cualquier golosina o antojo; ahora sé que si guardo, cuando necesite voy a tener”, manifiesta.

Justamente, Néstor realizó un crédito pero primero canceló un dólar por la solicitud y 3 dólares por la entrega del dinero. Solicitó 300 dólares para comprar llantas para su camioneta, la misma que le permite sacar al mercado sus productos.

La SPI nos permite crecer y tener sueños cada vez más grandes, nos ayuda a inculcar en nuestros hijos el amor por el ahorro y por la superación. Aunque ahora somos pobres en el futuro seremos millonarios, pero de conocimiento, de voluntad de interés por el cambio, expresa Néstor con orgullo.
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