Los Ángeles de Cuatro Patas hacen felices a los niños

Fuente: Secretaría de Comunicación | 2011-09-27 | 04:46:11 PM
Ebe junto a uno de sus caballos
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Ebe junto a uno de sus caballos
Montada en su caballo
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Montada en su caballo
Niño que recibe el tratamiento
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Niño que recibe el tratamiento
La madre lleva a su hijo a las terapias
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La madre lleva a su hijo a las terapias
Otro caballo para las terapias
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Otro caballo para las terapias
Los caballos son elementos fundamentales en las terapias
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Los caballos son elementos fundamentales en las terapias
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CRÓNICA. Paola Torres de la Agencia de Noticias Quito cuenta la motivadora historia de Ebe Cacció De-Negri, directora del centro y los testimonios de los padres que miran emocionados cómo sus hijos disfrutan de la hipoterapia y equinoterapia.

El Municipio de Quito y el centro de rehabilitación Ángeles de Cuatro Patas firmaron un convenio para que la organización funcione en un espacio del Parque Metropolitano Guanguiltahua. Allí, la organización construyó sus instalaciones y caballerizas con la ayuda de la empresa privada.   Además, el Municipio asignó un área de 3 500 m2 para que puedan realizar sus terapias dentro del bosque y 2 000 m2 para sembrar pasto.

Ebe hace feliz a los niños con sus caballos

Ebe Cacció De-Negri, es la directora del centro de rehabilitación y escuela de equitación Ángeles en cuatro patas. Asistió a la firma del convenio vestida de negro, con pantalones anchos desde la cadera hasta las rodillas. Es italiana. Usa botas de cuero, camisa y sombrero del mismo color. Sus ojos son azules.

Su voz es fuerte. Transmite seguridad. Dice que tiene su propio cielo en la tierra y que está rodeada de ángeles. Ellos son 10, algunos negros, otros cafés y otros con pintas blancas. En lugar de alas tienen cuatro patas, crines relucientes y herraduras casi lustrosas. Sus nombres son: Lucero, la preferida de Ebe, Piecito, Princesa, Gino, Altivo, Celeste, Vodka, Fénix, Relámpago y Romeo.

Ella ama a los caballos desde niña. Sus padres le han contado que desde pequeña mostró interés por estos animales. Los veía en la televisión, en los libros, en cuadros. Su sola imagen la alegraba y tranquilizaba.

Cuenta que la idea de conformar el centro nació en una tarde en la que cabalgaba por el páramo.  “De pronto, un niño con discapacidad que estaba por allí me detuvo y me pidió que le venda su caballo porque él quería correr. Le dije que no hacía falta que yo le podía hacer correr en el animal, me baje y lo subí a él, le di una vuelta y al oír su risa y al ver su cuerpito moverse al ritmo del caballo me surgió la idea de constituir un centro. Pero no uno tradicional sino uno en el que los niños y los animales puedan correr por el bosque, disfrutar del viento, de los pájaros, de las formas de las nubes”, dice Ebe.

Al principio su idea surgió como una fundación pero de a poco la asociación se fue quedando, hasta convertirse en un centro en donde ella es la directora: “Cuando se lucha sólo se alcanza la meta que uno se ha propuesto”, enfatiza Ebe.

Bautizó a la organización “Ángeles de Cuatro Patas” en homenaje a un niño con síndrome de Down. “Él un día llegó, justo cuando nosotros estábamos buscando el nombre para el centro. Pasó junto a mí corriendo y con sus manitas empezó a llamar y a decir: ¿Dónde están los angelitos?, eso fue suficiente. El escuchar de sus labios esa palabra tan cariñosa para los caballos me marcó”.

En el centro se desarrollan dos terapias: hipoterapia y la equinoterapia. La primera es un tratamiento kinésico, es una forma de montar donde el paciente es colocado en varias posiciones para aprovechar al máximo el movimiento oscilante del caballo.

“La vida es movimiento, y la comunicación del ser humano con el ritmo del caballo es una experiencia única. La transmisión del movimiento del caballo hacia el paciente es igual a los movimientos físicos que presenta la marcha humana, por lo tanto el paciente no enfrenta pasivamente el tratamiento, por eso la utilización del caballo es clave”, explica Ebe.

Esta disciplina es utilizada para la rehabilitación de pacientes con enfermedades neurodegenerativas y traumatológicas, discapacitados físicos y psíquicos, a través del paso cadencial del caballo. Consiste en aprovechar los movimientos multimensionales del caballo para estimular los músculos y articulaciones del paciente (el vaivén hacia arriba, abajo, adelante, atrás, hacia los lados y rotante es un movimiento que resulta ser el único en el mundo animal, semejante al del ser humano).

En la equinoterapia la terapia consiste en aprovechar los movimientos tridimensionales del caballo para estimular los músculos y las articulaciones del paciente. Un caballo al paso transmite al jinete 110 impulsos por minuto en una serie de oscilaciones.

La terapia ecuestre también puede influir en el paciente en su totalidad. Y puede practicarse a cualquier edad, aunque es con niños y jóvenes con los que más se suele trabajar en este campo.

La terapia con caballos resulta beneficiosa, entre otros, en casos de parálisis cerebral, esclerosis múltiple, autismo, síndrome de Down, distrofia muscular, anorexia, bulimia, incapacidad intelectual, discapacidad física, enfermedades mentales o inadaptación social.

“Yo tengo todo en la vida soy muy afortunada, tengo 300 hijos, todos los niños que vienen aquí”, afirma Ebe.

Además de los caballos Ebe también tiene siete perros. Todos son negros. Dos están entrenados para jugar fútbol, uno es portero y otro delantero. Ellos juegan con los niños, otros dos ayudan a los bomberos del parque para detectar incendios y los otros son las mascotas de todos los niños que acuden al centro.

Las terapias no tienen un costo específico. Las personas que acuden apoyan con lo que pueden. El precio no va más allá de 10 dólares. Con eso compran panela y zanahorias para alimentar a los caballos. También brindan clases de equitación al público en general con eso pueden atender las necesidades del centro. La alimentación entre los 10 caballos y los siete perros al mes cuesta 2 000 dólares.

“Somos una familia, aquí todos participamos”

Daniela Castro, tiene seis años, tiene parálisis cerebral leve y asiste al centro con sus padres desde hace cerca de tres años. Su padre Germán comenta emocionado, que conoció el centro gracias a un familiar.

“Vemos que nuestra hija poco a poco ha ido endurando, poniendo más rígido su cuerpo, antes no mantenía su cabeza. Ahora ella lo hace, ver a mi hija es ver su amor su cariño por los caballos. Ella es feliz, cuando la suben a Piecito tiene una sonrisa, mira su entorno, aprende de la naturaleza”.

Desde hace un año acuden todos los fines de semana, sábados y domingos. Silvana Medina, madre de Daniela, comenta que han visitado varios de centros, pero este es el único lugar donde les permiten participar como familia, en los otros no hay integración.

“Ebe, le enseñó a mi esposo que el paso del caballo es distinto, además le integraron a mi otra hija, ella tenía un carácter muy fuerte, esto le ha permitido calmarse, apaciguarse y a concentrarse. Ve a su hermana progresar y ella también aprende equitación”, comenta Silvana.

Lidia Bosques es mamá de Alejandro, de un año y medio quien tiene parálisis cerebral. “Cuando yo vine mi hijo no sostenía el cuello, era como dormidito, estoy aquí desde mayo. Ahora es diferente. La terapia sí da resultados”.

Lidia es de Lago Agrio. “En mi ciudad no hay estos centros, para permitir que mi hijo se recupere he tenido que dejar mi trabajo”.

Ahora vive en Quito. Los fines de semana viaja a su ciudad.

“Estoy agradecida con Dios y con Ebe, aquí nos dan una esperanza, cuando yo vine estaba sin ella, los doctores me decían que el niño no iba a moverse nunca, era parálisis completa, que sólo iba a mover los ojos. Aquí encontré fe”, dice mientras camina por un sendero del bosque cargando a su hijo en brazos. 
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