Quito vivió la Velada Libertaria

Fuente: Secretaría de Cultura | 2011-08-07 | 09:06:57 AM
Velada Libertaria
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Velada Libertaria
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CRÓNICA: En la Velada Libertaria Quito, Luz de América, la gente disfrutó de luces, música, color y de presentaciones artísticas. La programación fue organizada por el Municipio de Quito como un homenaje a los héroes del 10 de Agosto de 1809 y a los mártires del 2 de Agosto de 1810.Lea cómo la gente disfrutó de la programación.

  Por Miriam Tito. Agencia de Noticias

 El sábado 6 de agosto, cientos de personas recorrieron las calles, plazas y avenidas del Distrito.  Ellos disfrutaron de las actividades artísticas y culturales. Este  evento cultural incluyó la visita gratuita a los  museos.

Para Roberto Arciniegas, de 60 años, la Velada Libertaria es una actividad  que debe cumplirse cada año. “No debe perderse porque de esta manera el pueblo y las nuevas generaciones no olvidarán  de los hechos que motivaron la independencia de Quito”.
Raquel Santamaría, de 50 años, junto a su esposo y sus tres hijos, recorrió los museos  ubicados en el Centro Histórico. Dijo que estos lugares permiten conocer la historia.  “Fue interesante caminar con mi familia en la noche. Pudimos compartir, conocer y  disfrutar de cada uno de los sitios que ofrece este sector de la ciudad”.
 Valentina Galecio, de 14 años,  estudiante de noveno de básica del Liceo Naval, junto a sus amigos y familiares también estuvo en las   plazas de San Francisco, La Merced y del Teatro.  “Disfruté mucho de la música y de las danzas folclóricas”.
La Policía vigiló los  sitios donde se desarrolló la Velada Libertaria Antonio Almache, abogado de 40 años,  vecino de San Juan,  dijo que eso  permitió disfrutar tranquilo con su familia las actividades que se presentaron en la Plaza de Santo Domingo, San Francisco y de la Independencia.
Juana Valdivieso, de 25 años, estudiante de la Facultad de Administración de la  Universidad Central, consideró importante la variedad de actividades.La programación de la Velada Libertaria concluyó a la 01:00 del siguiente día. 

 

 Una media luna vivió también una gran velada

Por Paola Torres. Agencia de Noticias Quito 

 

En Quito se cumplió la Velada Libertaria, varias Plazas del Centro Histórico fueron los escenarios perfectos para la música y la cultura, además de que la fiesta se trasladó a las administraciones zonales.

 La noche venía con una brisa fresca, el cielo despejado permitía ver una tímida luna, que sólo se dejó ver por la mitad, la gente caminaba, unos subían, otros bajan, otros iban a la derecha o a la izquierda por donde yo íba.

 Parejas sonrientes, padres con sus hijos en brazos, en coches o simplemente tomados de la mano, uno que otro solitario que de a poco se iba encontrado con conocidos o amigos. Conforme me acercába a la Plaza del Teatro la música me empezó a envolver.

 Pasillos al estilo pop, interpretados por la magnífica voz de Karla Canora, “Cardo o ceniza, Fatalidad y Ángel de Luz” se escucharon. El público era variado desde jóvenes vestidos de negro, hasta abuelitas abrigadas con ponchos y bufandas, cantaban bajito las letras de las canciones.

 Los padres hacían bailar a sus hijos o les decían lo que continuaba en la canción, para que los pequeños las canten a voz en cuello. Luego de pedir la típica “otra”, coreada por los cientos de quiteños, la cantante regresó con una canción que habla de lo que somos y del amor que debemos a nuestro país.

 Minutos después los conductores del programa ingresaron para recordar al público, que estaba allí, que esa plaza estaba dedicada al pueblo afroecuatariano y al rescate de las raíces plurinacionales, lo que hace rica la cultura. Inmediatamente se dio paso a los cununos, a la marimba y a los tambores; Ahora los dueños del escenario eran el grupo “Presencia Negra”.

 Ellos con un grupo de 8 bailarines lograron que las caderas y los pies de los asistentes se muevan al ritmo de su música. Las mujeres con faldas amplias en donde se representaban los frutos del mar, las gaviotas y la inmensidad del cielo de Esmeraldas, los hombres con pantalones arremangados, camisas, pañuelo celeste y sombrero, bailaron con gusto, sus sonrisas contagiaban a la gente.

 La música, la danza y el buen humor de los bailarines lograron que todos sientan la música primero en sus piernas y luego de a poco se mezclaba con el latido del corazón, los presentes improvisaban pasos de baile y de a poco algunos jóvenes y abuelitas se despojaban de ponchos y bufandas.

 El recorrido debía continuar. Luego del baile y de sentir el gusto de la gente y disfrutar de esta cultura, subimos a la Plaza Chica, allí el olor a coco, a miel, a chocolate y frituras se apoderó del espacio.

 En las carpas dispuestas para acogerlos se hallaban mesas de manteles blancos y sobre ellos delicias dulces y saladas, quesadillas, mistelas, alfajores, colaciones, espumillas de guayaba bañadas con arrope de mora. Pristiños crujientes con miel de panela, empanadas espolvoreadas con azúcar, morocho, colada morada, en fin dulces y postres para todos los gustos.

 Los precios no pasaban de los 0,75 centavos para las empanadas, 1. 25 para las colaciones, todos los que pasaron por allí disfrutaron de ellos y, algunos los más golosos llevaban varios para disfrutarlos en su casa.

 Mientras caminaba la luna inquieta nos seguía a todos desde lo alto, cuando llegué a la Plaza de Santo Domingo, las personas que se encontraban allí vestían, algunas, con camisas bordadas, cintas, sombreros, cabellos largos recogidos o sueltos, bufandas de los colores de la huipala, el ambiente lo decía todo, está era la plaza del folklor latinoamericano.

 La embajada de Bolivia, al conmemorar 186 años de su independencia, invitó al grupo AlPacka a unirse a esta celebración. Quenas, flautas, charangos, caracoles y guitarras, fueron los instrumentos utilizados por los ocho músicos bolivianos que abrieron la velada.

 Antes de iniciar su concierto, dos jóvenes mujeres ubicadas a cada lado del escenario una con la bandera de Bolivia y otra con la las organizaciones indígenas las hacían mover, con el viento de la noche.

 El zapateo inició rápidamente, la gente se integró a los coros de las canciones y entonaban las estrofas, una niña que estaba con su madre la miró y le dijo “Qué chévere mami” y cogió su ponchito amarillo y lo movió al compas de la música.

 Debía ver y escuchar lo que pasaba en los otros escenarios, así que caminé hasta la Plaza de La Merced, allí en la esquina de este santuario católico, se colocó un espacio, para que los tríos de música ecuatoriana, pasillos y para los boleros, hagan suspirar a los enamorados que se dieron cita en ella. Besos, abrazos y susurros en los oídos de las amadas y amados se veían por doquier.

Quienes fueron sin pareja cantaron junto con los artistas las canciones “más románticas”, otros que no sabían bien las letras disfrutaban del espectáculo y de los cueros asados que vendían algunas comerciantes, los más jóvenes saboreaban salchipapas. Algunos padres compraban chocolates y los distribuían entre sus hijos, para que comieran y les dejaran escuchar la música.

 Avancé hasta la Plaza de San Francisco, este era el sitio para las representaciones musicales juveniles. Cientos de muchachos se agolparon allá, algunos se sentaban sobre las piedras, otros en la pileta, más allá un grupo ocupó las gradas de la Iglesia.

 Un grupo de 5 jóvenes disfrutaban de un chupete, todos comieron de él, otros hablaban animadamente, esto mientras los músicos de ”La Mala Maña”, ponían en orden sus instrumentos, estos músicos de la Floresta llegaron a la Plaza con salsa, compuesta por ellos, los jóvenes entonces se levantaron y bailaron.

 Dando vueltas, tomado de las manos a sus acompañantes y haciéndolas girar, mientras en sus rostros se reflejaba la alegría. Mientras eso ocurría Oscar Tamayo, un niño de 10 años, que estaba allí con sus hermanas, se dedicó a descubrir cual era la piedra que le faltó a Cantuña.

 Saltaba sobre las piedras que estaban junto a él, hasta que sintió algo bajo sus pies, un piedra se movía un poco, se agachó, la limpió con la mano y sonrió al decir “Está es la piedra por la que el diablo no se le llevó al Cantuña”. 

La música continuaba y la luna nos acompañaba a todos en una velada inolvidable.


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